COLUMNA

Ofrenda a la amistad y a la decencia 

El verdadero amigo es solidario, camina con reflexiva serenidad, y lleva en sus manos un lazo de luz para atrapar y desterrar los fantasmas de la oscuridad y del pesimismo. Si la decencia y la generosidad son los colores de las palabras, se fortalece la convivencia. 

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El verdadero amigo es solidario, camina con reflexiva serenidad, y lleva en sus manos un lazo de luz para atrapar y desterrar los fantasmas de la oscuridad y del pesimismo. Si la decencia y la generosidad son los colores de las palabras, se fortalece la convivencia. 

La convivencia propende por el reconocimiento mutuo, el respeto, el diálogo y la valoración positiva del vivir respetando y reconociendo la diferencia. La convivencia comienza con la ética del lenguaje; por eso debemos utilizar palabras benevolentes, respetuosas, edificantes, que susciten la armonía en las relaciones humanas. Dice el profesor Michel Lacroix, que “las palabras tóxicas son las ofensivas, burlescas, las que hieren con mordacidad, y el que está herido espera la oportunidad de convertirse en verdugo y busca a alguien para lanzar sus ataques verbales”. 

La sensatez y el respeto son virtudes para atenuar el ambiente de intolerancia y agresividad; por eso es importante recordar los tres tamices, que, según el filósofo Sócrates, debemos aplicar antes de decir algo: la verdad, la bondad y la utilidad. En otras palabras, antes de decir algo, toda persona debe formularse estas tres preguntas: ¿Estoy seguro de que lo que voy a decir es cierto? ¿Lo que voy a decir es bueno? Y ¿Es necesario decirlo?  Poner en práctica esta trilogía socrática es un axioma universal que enaltece la amistad, el amor, las relaciones laborales y la condición humana.   

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