(Repito esta columna escrita y publicada en 2013. Es coyuntural cuando Venezuela lucha por su democracia. Periodistas han vuelto a publicar entrevistas al señalador de Maduro como su sucesor. Además el tema me dio lugar para recordar la despedida de otros personajes de la historia del mundo)
Un Chávez devoto y desesperado es la imagen de esta Semana Santa que acaba de pasar. Su oración ante el mundo: “Dame vida, Señor”, va a quedar en la memoria de muchos, aun de los que lo han odiado, incluso yo lo he criticado todo el tiempo, pero cuando un ser humano muestra su dolor y su desesperación, por el motivo que sea, ante el mundo o ante uno solo, el deseo de que no sufra, de que esté bien, aflora en el corazón.
Así dijo el presidente de Venezuela: “Le digo a Dios, si lo que uno vivió y ha vivido no ha sido suficiente, sino que me faltaba esto (la enfermedad) bienvenido, pero dame vida, aunque sea vida llameante, dame tu corona de espinas, dame vida porque todavía me quedan cosas por hacer por este pueblo y por esta patria, no me lleves todavía”.




