COLUMNA

Negocios sin hacer nada malo

Miremos muchas de las maneras de “hacer negocio” en la administración pública…

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La corrupción tiene muchas formas y ninguna de ellas escapa al derecho penal o al derecho disciplinario. En la sociedad penetró esa justificación que desde los cargos públicos se puede hacer “negocio sin hacer nada malo” y así se actúa, convencidos que la oportunidad de llegar a una gran posición hace posible incrementar patrimonios y disfrutar de los placeres de la vida considerando que todo se les permite, claro, pero en la clandestinidad, porque ninguno está dispuesto a reconocer que se aprovechó de su desempeño como servidor público para enriquecerse.


Miremos muchas de las maneras de “hacer negocio” en la administración pública. Inicialmente está el peculado, artículo 397 del Código Penal, y esta conducta es el hurto o el robo, pero de bienes del Estado, lo que pasa es que no se trata de ese vulgar ladrón que con arma en mano obli2ga a otra persona a entregar sus pertenencias, no, acá se trata de un personaje con un grado de conocimiento y acceso a niveles de poder que le faculta apropiarse de recursos que son del Estado.


Otra forma de “hacer negocio” desde cargos públicos es la concusión (art. 404 del CP) y surge en el instante que un servidor público pida o exija a otra persona cualquier cosa a cambio de un favor; ninguna persona que ocupe un cargo en cualquier entidad del Estado debe considerar pedir u obligar a alguien para que le entregue dinero o cualquier retribución, los empleados del Estado como cualquier empleado, tienen una remuneración por el ejercer sus funciones, para eso le pagan, el poder que recae sobre sus hombros es el preciso para tomar decisiones no para doblegar al ciudadano y aprovecharse de este.

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