El debate y la agenda económica algunas veces toman un camino que no coinciden, en mi opinión, con el interés general, como debería ser. Eso sucede, con el desempleo en Colombia, que viene creciendo de manera sistemática en los últimos cuatro años y hoy supera el 10,7% la tasa de desempleo en las trece principales ciudades. La tasa promedio nacional está en 9,7%. Considero que eso es más importante, por ejemplo, que la situación fiscal, tema en el cual nos hemos concentrado algunos medios y analistas.
La peor noticia económica para las familias es el desempleo. Inclusive por encima de temas como la inflación. Que unos padres no tengan como llevar al sustento a su casa es una tragedia social y sicológica. El aumento de los impuestos o una propuesta de reforma al mercado de capitales, poco o nada le dicen al ciudadano de a pie que, a diario, lucha por sobrevivir en una sociedad bastante insolidaria.
Hay ciudades como Quibdó, con un desempleo del 17,8 por ciento; una verdadera tragedia; sigue Cúcuta con el 16,3% y Armenia con el 15,6 %. Y después viene nuestra querida Valledupar: 14,8 por ciento. Una bomba de tiempo. Y hay que hacer algo… señoras y señores.
Vamos por partes. Es un problema nacional y su solución depende de políticas macroeconómicas del Ministerio de Hacienda, otros ministerios y el Banco de la República. La política de empleo debería ser una política de estado. No es un tema sencillo, ni fácil.




