Por Marlon Javier Domínguez
En la liturgia de la palabra de este domingo se nos enseña qué cosa es la humildad, cuán necesaria es y cuán agradable resulta a los ojos de Dios y de los hombres.
Contrario a lo que podría pensarse, la humildad no es sinónimo de debilidad, sino de fortaleza; y no se trata de un “auto desprecio” disfrazado de virtud, ni de meras acciones externas.




