Buscábamos hace una semana un Hit. Y llegaron dos, o más, pero de pacotilla, sin incidencias a futuro, solo para romper el hielo de una quietud muy inusual en una región de líos, bochinches y fundigues como la vallenata. Los temas políticos siguen tibios, pequeños encuentros con poca gente para animarlos y ofrecerles futuros respaldos, pero nada seguro. Como siempre hay candidatos por todas partes, desde los eternos de los eternos partidos, hasta los fugaces sin partidos que se vuelven eternos, gente con tiempo para vagancia electoral, hablar por los medios aplicando la vieja frase que cada día debe haber noticieros, haya noticias o no. O lo peor, volviendo noticia cualquier tontería.
El cuento de un viejo Sheriff del nuevo oeste vallenato, con unos jóvenes del mismo combo oesteciano local, con carros de alta gama y armas que, si bien son certeras y de fuego, se convierten por arte de magia, autoridades y redes como simples pistolitas de agua olvidados por los nietos en la camioneta del abuelo asustado y asustador en una ciudad donde todo el mundo anda con miedos, excepto los dueños de las motos que atracan sin miedo en cualquier parte a cualquier hora. Como ya el viejo sheriff tiene alta experiencia en tiros y fusiles verdaderos y falsos, imagino que los libretistas de novela, “Leandro” podemos pensar el “Balín Bolardinelly” o algo parecido.
Otro show tan viejo como repetitivo son los grupos vallenatos, con rarísimas y sutiles excepciones de nuestros artistas en lugares donde el billete fácil, generalmente con olor a sucio, estén presentes, ganando “moñas” a tutiplén con personajillos de calañas indefinibles, ayer marimberos, hoy traquetos o políticos con problemas de corrupción que es la otra opción después de las drogas, para vivir sabroso en este país, con pasos rapiditos en cuestión de famas y dineros. Una ciudad que apenas tiene dos regulares bibliotecas y 266 estancos nada puede esperarse, al menos a corto plazo.




