Todo el mundo alude a la corrupción, pero pocos sugieren ideas para acabar con este monstruo de mil cabezas. Se habla del qué, pero no del cómo atacar este flagelo que concentra el poder.
Para enfrentar estos oligopolios hay que democratizar la contratación pública, redistribuirla y generar oportunidades entre los que no tienen músculo financiero para contratar, lo que implica legislar sobre el tema.
Son ideas que pone a fluir el abogado experto en derecho laboral y seguridad social, Tito Hernández Caamaño, incrédulo con el tan mentado músculo financiero, que no deja de ser un mito y una forma de excluir de la contratación pública a la gran masa de ingenieros y arquitectos, ya que los grandes consorcios trabajan con anticipos que reciben de los gobiernos del orden nacional, departamental y municipal de turno.




