En este ejercicio de generación de opinión, Valledupar siempre está en mi agenda. Con mirada profunda y propositiva varios artículos le he dedicado, haciendo énfasis en sus principales debilidades, fortalezas y oportunidades.
Para 2019 el presupuesto del municipio se caracteriza por ser el que más metas del plan de desarrollo cerrará. Son 726 mil millones de pesos de los cuales se direccionan el 91 % para gastos de inversión; el 8 % para gastos de funcionamiento y el 1 % para gasto a la deuda.
En esta vigencia habrá elecciones. Varios precandidatos a la Alcaldía aparecen haciendo ruido y criticando al actual gobierno. Supongo que esos instrumentos son sus principales estrategias. A algunos los noto carentes de liderazgo, la experiencia en el manejo de lo público es exigua, no generan credibilidad y en materia de gestión tienen poco para mostrar. Son como los cántaros vacíos. Ustedes que osados leen estas líneas estarán deseosos de encontrar nombres y apellidos de los precandidatos a los que me refiero, sin embargo, prudencia es por ahora una virtud que debo atesorar, porque a pesar de todo vivimos en una democracia.
Por supuesto, asumir aspiraciones de elección popular es un derecho constitucional. No obstante, para el caso de Valledupar es menester advertir lo que se ha constituido en un negocio: el montaje de una campaña política para luego desmontarla con el fin de adherir al candidato con mayores opciones de ganar. Esta falacia estratégica es una mentira montada en afinidad programática.




