No son distintos ahora que antes los sentimientos religiosos de la humanidad como tampoco su expresividad. Ello es propio de su naturaleza sensible.
Al respecto quiero referirme a la antigüedad greco–judía, comenzando por afirmar que sus ethos, religioso y filosófico, fueron diferentes, en el evento que se pudiera decir que en la segunda cultura hubo verdadera filosofía.
El pueblo judío no dejó de ser religioso como tampoco el griego amante de la filosofía, sin menoscabo de su piedad, sin embargo.




