En una columna reciente expuse con detalles y pruebas, como muchos festivales vallenatos vienen pecando de excesivamente localistas, al premiar sin méritos a aquellos participantes nacidos en el pueblo donde se realiza el evento.
Este es uno, pero no el único problema que azota y tiene en la cuerda floja a la mayoría de festivales de música vallenata a lo largo y ancho del territorio nacional. Tal vez la principal dificultad que tienen los organizadores de los festivales vallenatos es encontrar personas para conformar un equipo del que se pueda escoger un jurado, que reúna especialmente tres condiciones: La primera que sea idóneo, la segunda que sea honesto y la tercera que sea ecuánime.
Estas tres cualidades en Colombia se ha vuelto difíciles encontrarlas juntas en una persona, la crisis de valores por la que atravesamos hace ya más de cincuenta años nos carcome hasta los tuétanos, nos vivimos quejando de la corrupción en los políticos, pero le ponemos precio al voto, recriminamos la paja del ojo ajeno sin atender la viga del nuestro.




