Por José Atuesta Mindiola
En el informe final de una visita de tres inspectores del Ministerio de Educación al Instpecam en 1978, uno de ellos, dijo estas palabras que nunca pierden vigencia: “En toda empresa hay tres clases de trabajadores. Los que trabajan por amor porque tienen otras fuentes de ingresos. Los que trabajan solo por el dinero, y los que trabajan por amor a su profesión y por el dinero”. Y agregó, es función del gerente ejercer liderazgo de motivación para lograr que la gran mayoría de los trabajadores se ubiquen en el tercer grupo.
Aunque algunos críticos podrán argumentar que cada trabajador debe vivir con elevada autoestima para cumplir a cabalidad sus funciones. Eso es lo ideal, pero la realidad es otra. El ser humano no es perfecto, es vulnerable y dable a los errores. A veces no da todo lo que puede, porque necesita de un alguien que lo jalone, que lo invite y lo entusiasme a seguir adelante. El liderazgo es una cualidad, es un arte que se perfecciona, pero todos no tienen la aptitud para ser líder. Si el gerente de una empresa ejerce liderazgo con categoría y eficiencia son excelentes los resultados.




