Petro arrancó por el principio: Un Acuerdo Nacional. Pero este no será fácil, ni gratis y debe partir fundamentalmente de tres cosas: dar tranquilidad a los mercados, a la democracia e incluir a la derecha, al uribismo. También, hay que decirlo, el acuerdo puede ser imposible.
Los diálogos multitudinarios siembran ilusiones, ayudan a liberar tensiones y buscan proporcionar gobernabilidad y estabilidad. Pero cualquier acuerdo -y acá retomo lo que dijo Benedetti- tiene que comenzar con contactar a Uribe y ello generará la bronca interna del petrismo radical (pero no tiene de otra y lo mas seguro es que el uribismo no se le sume); sin embargo, el acuerdo debe incluir a la derecha porque de lo contrario corre el riesgo de ser un acuerdo de los mismos con los mismos para quedar en las mismas, es decir, en las dos Colombias irreconciliables y polarizadas.
El acuerdo nacional puede, en parte, concretarse en el Plan Nacional de Desarrollo y en el gabinete ministerial. Ahí puede residir, en cierta manera, la gobernabilidad que pueda tener Petro en sus primeras de cambio y ello dependerá de los temas gruesos acordados, de las líneas rojas pactadas y si el gabinete es pluralista y representativo del acuerdo nacional o si lo conforma con los tradicionales y radicales del Pacto Histórico. Tendrá que darse la pela y hasta traicionar a sus barras bravas si quiere conservar, por más largo tiempo, el capital político con que inicia todo gobierno. De lo contrario puede, en menos de lo que canta un gallo, dilapidarlo con las reformas tributaria y pensional, ambas necesarias pero dolorosas.




