La semana anterior estuve visitando al poeta José Antonio Murgas, con las pausas de su memoria cercana a los 92 años, recitó: “Esta palabra, Valledupar, la trajo un ángel que tomó el barro y regresó a la noche, y el dios tribal la encontró en el bosque para fundar la liturgia de la tribu”.
Estos versos revelan su talento poético que tantas veces lo celebramos en el Festival de Poesía de San Diego y en reuniones del ‘Grupo Alfarero’ en Valledupar, en las décadas de los ochenta y noventa.
Jose Antonio Murgas, sandiegano raizal, desde su infancia fue un soñador del paisaje que observaba en el preludio de la primavera la raigambre de la lluvia, los caminos mestizos de llanuras, el sol radiante tropical y la voz vegetal del viento.




