COLUMNA

La viga en el ojo ajeno

El mundo está lleno de problemas, América nada en ellos, en Colombia cunde pero nada se hace para resolverlos, excepto tirar cortinas para ocultar las propias vergüenzas. Ahora en América, casi todos los gobiernos quieren ocultar sus propias falencias mirando hacia Venezuela como si nuestro propio espejo se hubiera roto.

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El mundo está lleno de problemas, América nada en ellos, en Colombia cunde pero nada se hace para resolverlos, excepto tirar cortinas para ocultar las propias vergüenzas. Ahora en América, casi todos los gobiernos quieren ocultar sus propias falencias mirando hacia Venezuela como si nuestro propio espejo se hubiera roto.

Esto se llama distraccionismo, tal como lo establece Noam Chomsky en su lista de estrategias, para mantener a la gente alejada de sus propias calamidades. Y no es que en Venezuela no esté pasando nada; este país está sumergido en una crisis profunda por causas internas y externas, más, son los venezolanos quiénes deben solucionarla; la autodeterminación de los pueblos es un principio universal que se debe respetar. Concentrémonos en sacar la viga de nuestro propio ojo que puede ser más grande que la de ellos.

La reiterada intromisión del presidente Duque, incitando a la defenestración del gobierno venezolano, por encargo de los EE. UU, es un juego peligroso y con la candela no se juega. Recordemos lo de bahía Cochinos en Cuba.

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