Dar un paso al costado para que no muera la ilusión por el proyecto y el sentido de aventura y se generen nuevos liderazgos es lo más sensato que he escuchado.
La propuesta que surge del expresidente y premio nobel Juan Manuel Santos Calderón, y que tiene como destinatario a su archienemigo político, Álvaro Uribe Vélez, como era de esperarse cae en terreno estéril, exacerbado por la petulancia, intolerancia, el odio, la soberbia, la prepotencia y las bajas pasiones en general, que subyacen en la condición humana.
La tristeza de haber sido y el dolor de ya no ser es de muy difícil aceptación para quienes se apegan al poder, y de mayor frustración saber que la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer, porque la rutina ya no sirve y lo viejo deja de funcionar, entonces se requiere lo nuevo para seguir adelante.




