La Biblia condena la soberbia porque la considera la raíz de todo pecado, que causa la deshonra, el fracaso y la destrucción, y que ciega a las personas ante la verdad y a Dios. Al soberbio se lo conoce por su actitud egocéntrica y altiva, que pretende esconder, en muchas ocasiones, heridas emocionales del pasado.
Siempre hemos de dudar de los soberbios, pues su falta de humildad los lleva a cometer errores garrafales. Recordemos al rey Herodes, que, llevado por la soberbia, tuvo que cumplir la promesa hecha a Salomé, y ordenar, muy a su pesar, la ejecución de Juan El Bautista (Mateo 14: 1-12).
Dicho esto, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿El hecho de formular denuncia ante la Corte Suprema de Justicia, contra el senador Iván Cepeda, por los presuntos delitos de soborno y fraude procesal, sin tener los suficientes elementos de prueba, no fue un acto de soberbia por parte del hoy condenado expresidente Uribe? O el gesto que se permitió hacer, cuando sentado en el banquillo de los acusados se pasó el dedo por el cuello en señal de muerte, ¿no fue un acto de arrogancia? Y qué podríamos decir de la renuncia a la prescripción, que consideramos un acto de falsa humildad, y un error garrafal, con la que ningún abogado podría estar de acuerdo, pues es tanto como renunciar a lo que podría convertirse en su tabla de salvación.




