En 1939 Alemania invadió a Polonia, dando inicio a la segunda guerra mundial, el peor conflicto de la historia humana. Hitler, gestor de esta guerra, logró en pocos años restaurar la gloria de una nación vencida y postrada, poniendo su economía al servicio de la guerra. Traigo a colación este período tan impactante de la historia, solo para analizar algunas coincidencias con el momento bélico actual.
Durante su ascenso al poder, Hitler eliminó a todos sus opositores: políticos, sectores de la prensa, judíos, comunistas, etc. Putin ha exterminado gran parte de sus opositores con tres fórmulas muy eficientes: muerte, cárcel y destierro. Por otra parte, el primer golpe dado por Hitler, no fue la invasión de Polonia, en 1936 se había anexionado algunas regiones del río Rin que pertenecían a Francia y en 1938 se había incorporado a Austria. Las naciones que debían actuar de manera enérgica como represalia a estas acciones, solo protestaron tímidamente: Inglaterra liderada por Chamberlain y Francia por Daladier, dos personajes débiles, e incapaces para enfrentar a un poderoso y envalentonado Führer, amo absoluto de Alemania. Durante la invasión y anexión de la península de Crimea en 2014, arrebatada a Ucrania por parte de Rusia, el mundo apenas protestó.
Hitler, de la mano de su canciller, Ribbentrop, firmó acuerdos estratégicos con otras naciones que le permitieron consolidar alianzas militares o tratados de no agresión, como los pactos con Italia, Rumania, Japón y Rusia, entre otros. Putin lleva años interviniendo en la geopolítica mundial, apoyando regímenes como los de Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua, Siria, etc. Igualmente fortalece sus lazos con China, la nueva súper potencia económica y militar del siglo XXI.




