COLUMNA

La riqueza del trabajo

Cada vez que me siento a mi mesa y encuentro alimentos que comer, doy gracias a Dios por ese pan de cada día.

canal de WhatsApp

Cada vez que me siento a mi mesa y encuentro alimentos que comer, doy gracias a Dios por ese pan de cada día, pero siento una tristeza profunda al tener lo que millones de seres humanos no tienen: un plato con comida; angustias nacen en el pecho y pequeñas lágrimas brotan de mis ojos, pero aparecen en mi mente luces que me dicen:… no te dejes dominar de las emociones, más bien escribe lo que sientes y divúlgalo, que alguien con sensibilidad social te leerá y seguirá retransmitiendo las intenciones que buscas para un mundo mejor y verás que muchas gotas de llanto juntas pueden formar un mar de esperanzas y soluciones futuras.

Solo no podrás transformar el mundo, y mucho menos en el silencio, se necesita de tiempo y un equipo de filántropos que promulguen tus ideas para que cuando tú escribas y el contenido sea bueno, tengan tus expresiones asidero en cada lugar donde lleguen y sigan su recorrido infinito hasta encontrar las soluciones.

No puedes ser indiferente por mucho temor que sientas, piensa que en algún momento se han de romper las cadenas que separan a la humanidad por la negativa del hombre de no aceptar los mandamientos de la tabla de Moisés y seguir siendo presos permanentes de la mezquindad que da el poder de la soberbia y de la ignorancia que, como valores negativos, convierten en esclavos solo a los prepotentes y mediocres a través del desprecio a los humildes de corazón.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

TE PUEDE INTERESAR