COLUMNA

La negación de la vida

La guerra no termina con la guerra; jamás será victoria izar una bandera sobre miles de tumbas e incontables cadáveres.  En las guerras las derrotas son más sonoras que la victoria, porque los pesados dolores del terrorismo y de las muertes son más fuertes y crueles que los ecos flamantes del éxito; por eso el mejor negocio para un gobierno, para una sociedad y para una persona, es evitar la guerra. Quien se somete a ella, se cubre el alma con una pesada armadura que no cohabita con la sensibilidad, el sosiego, la razón, y todo se distorsiona.

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La guerra no termina con la guerra; jamás será victoria izar una bandera sobre miles de tumbas e incontables cadáveres.  En las guerras las derrotas son más sonoras que la victoria, porque los pesados dolores del terrorismo y de las muertes son más fuertes y crueles que los ecos flamantes del éxito; por eso el mejor negocio para un gobierno, para una sociedad y para una persona, es evitar la guerra. Quien se somete a ella, se cubre el alma con una pesada armadura que no cohabita con la sensibilidad, el sosiego, la razón, y todo se distorsiona.

La guerra es la negación de la vida. El pensamiento guerrista es ajeno a la biofilia.   La biofilia es la victoria de la vida contra las actitudes violentas; es la vitalidad concomitante del crecimiento ético y estético en el ser humano. El biófilo irradia luz interior; camina lejos de las sombras de la injusticia, de la arrogancia, del fanatismo y la violencia.

La biofilia es el respeto por la vida y por las leyes creadas para exaltar los derechos y los deberes ciudadanos. El biófilo tiene espíritu democrático, escucha y dialoga, respeta la diversidad social e ideológica; además, acata y cumple las normas, y a sus contradictores no los estigmatiza como enemigos.

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