El 28 de julio se cumplieron exactamente doscientos años de ese día aciago en que María Antonia Santos Plata, nacida en Pinchote (Santander) el 10 de abril de 1782, en la flor de la vida, con sólo 37 años de edad, fue fusilada e inmolada vilmente, en la plaza principal de El Socorro. Ella, junto con la heroína Manuela Beltrán, pueden ser consideradas como precursoras de nuestra independencia, la que doscientos años después estamos celebrando.
En una redada de las tropas leales al ejército realista fue apresada ella y su hermano menor Santiago en la Hacienda El Hatillo y luego de un juicio sumario, en Consejo verbal de guerra en el que trataron inútilmente de soliviantarla para que delatara a los integrantes de las guerrillas de Coromoro, de la que hacía parte, fue llevada hasta el cadalso en donde ofrendó su vida ante el altar de la patria por la libertad en ciernes.
El Coronel Lucas González, a la sazón gobernador militar de la Provincia de El Socorro, ante su negativa a colaborar con la tiranía y rehusarse a traicionar a sus compañeros de lucha a cambio de conmutarle la pena capital que pendía sobre ella, fue el encargado de ordenar su fusilamiento. Desafiante, no se arredró ante sus verdugos y tuvo el coraje de decirles “no me venden, quiero ver a mi tierra por última vez y ver de frente a mis verdugos. No tengo miedo. Viva la patria”.




