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La fiebre de los matrimonios a escondidas

A mis escasos años presencié las consecuencias de unos cuantos. Esta fiebre se intensificó en las décadas de los ochenta y noventa. Los amores casi siempre iniciaban desde la adolescencia, y al irse a estudiar la pareja las carreras profesionales a ciudades diferentes peligraban los amores de toda una vida.

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Por José Gregorio Guerrero

A mis escasos años presencié las consecuencias de unos cuantos. Esta fiebre se intensificó en las décadas de los ochenta y noventa. Los amores casi siempre iniciaban desde la adolescencia, y al irse a estudiar la pareja las carreras profesionales a ciudades diferentes peligraban los amores de toda una vida.

Como medida de protección y seguridad fue acogida esta modalidad por parte de los jóvenes del Cesar y La Guajira (de los que tuve conocimiento) como única estrategia de preservación y conservación de la relación. Para los padres de los novios no era bien visto, ni permitido que se casaran antes de terminar la profesión; pero era tan fuertes las amarras que armaban matrimonios secretos con cómplices de las mismas características amorosas; cuya función era, buscar el pueblo indicado bajo dos condiciones absolutas de los novios “donde no nos conozca nadie” y “que el cura no fuera cercano a ninguna de las dos familias por que sapea”.

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