Petro está acorralado, entiende que su presidencia pende de un frágil hilo y está en la tarea de hacer todo lo que está en sus manos para no caerse. Su objetivo es evitar ser suspendido de su cargo y eventualmente condenado por la comisión de delitos electorales.
Son múltiples los hechos que muestran que la campaña de Petro violó los topes, que al menos parte de la financiación provenía de fuentes prohibidas y que tanto su gerente de campaña como él sabía. Petro ataca con tanta vehemencia como mentiras a la Fiscalía porque pretende demorar o evitar las acusaciones contra su hijo y su hermano, su gerente de campaña y el presidente entonces de Colombia Humana, además de los tramposos dirigentes de FECODE. Sabe que las imputaciones formales harán una profunda mella en su gobernabilidad y que el traslado de pruebas al CNE y a la Comisión de Acusaciones lo dejarían en la cuerda floja.
Petro cree que es el “jefe” del Fiscal y pretenderá actuar como tal una vez sea elegida cualquiera de sus ternadas. La Suprema debe ser especialmente cuidadosa en la escogencia de la Fiscal y en los tiempos de la misma, evitando tanto como sea posible la interferencia de Petro en las investigaciones. Y no hay duda de que la asonada tuvo la finalidad de presionarla y de mostrarle los dientes. Las banderas del M19 fueron un cruel recordatorio a los magistrados de hasta donde es capaz de llegar Petro.




