La central hidroeléctrica Ituango ha sido catalogada como un proyecto gigantesco por sus dimensiones y por su capacidad de generación de energía. Gerentes del proyecto estiman que la presa generaría 2.400 megavatios por hora, es decir, cubriría el 17 % de la demanda energética del país. Semejante apuesta en condiciones normales merecería aplausos sonoros e interminables, pero esa no es la realidad, HidroItuango más bien parece un neumático con muchos huecos en el que de manera obstinada con un parche tapas uno de ellos, pero con el tiempo se abre otro.
Actualmente, el 70 % de la energía en Colombia proviene de las hidroeléctricas, (energía limpia de CO2) generación susceptible al cambio climático, debido a los periodos de sequía tipo Fenómeno del Niño. Sin embargo, está documentado que durante el proceso de construcción se produjeron daños ambientales irreparables. Ese es el origen de la crítica científica local y mundial, no es únicamente ambiental, en advertir que HidroItuango es el mayor desastre socio ambiental producido por una obra de ingeniería en el país.
La ingeniería colombiana en años recientes ha visto el desplome de sus principales proyectos. ¿Acaso están fallando los estudios de cálculo y geológicos? Interrogante que presupone irresponsabilidad con los daños ambientales e impactos sociales que conciben esos desaciertos.




