Hace algunos años, más de los que yo quisiera, leía en el libro Raíces que, en África, cuando entrenaban a un muchacho en su formación de hombre integral, hacían especial énfasis en el arte de la cacería.
Le enseñaban que, a una fiera, a pesar de haberla vencido, debían dejarle una vía de escape, porque de lo contrario combatiría con más brutalidad. Nada más peligroso que la última reacción de un animal herido de muerte, su respuesta es por lo general también mortal.
Es lo que estamos viviendo en esta etapa de las elecciones presidenciales más trascendentales de los últimos tiempos. El uribismo, en todas sus fases y presentaciones ha sido derrotado y hoy se encuentra en sus estertores. Iniciaron con una débil consulta interna que dejó más divisiones que cohesión, en el periplo hasta las toldas del septuagenario ingeniero Rodolfo Hernández que ya ustedes conocen.




