COLUMNA

Gladys, mi mamá

A pesar de haber sufrido una de las tragedias más grandes que hemos conocido nunca reclamó, aceptó todo sin cuestionar a Dios

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*A Erika

A pesar de haber sufrido una de las tragedias más grandes que hemos conocido y ser  la más impactada por ser  la mamá de la mitad de  mis hermanos fallecidos, nunca  reclamó, aceptó todo sin cuestionar a Dios, sin rencores con la vida y sin dejarse llevar por  sentimientos de venganza.

Lo sufrió en carne viva sin quejarse, los lloró más de 8 años sin preguntar el por qué, sin actos de rebeldía espiritual. Siempre buscó las palabras para explicar a quienes quedamos y no podíamos entender. Se refugió en su frase favorita  “todo bajo control” a pesar de semejantes dificultades.

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