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García Márquez, paradigma de amistad

Gabriel García Márquez fue un paradigma de amistad. El 21 de octubre de 1982, horas después de que la Academia sueca le comunicara que era el ganador del Premio Nobel de Literatura, fue a recibir a tres amigos colombianos al aeropuerto de México, y les dijo: “En el mundo no hay premio Nobel que valga más que mis amigos”.

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Gabriel García Márquez fue un paradigma de amistad. El 21 de octubre de 1982, horas después de que la Academia sueca le comunicara que era el ganador del Premio Nobel de Literatura, fue a recibir a tres amigos colombianos al aeropuerto de México, y les dijo: “En el mundo no hay premio Nobel que valga más que mis amigos”.

Rafael Escalona era uno de los tantos amigos cercanos de García Márquez. Entre ellos existió una entrañable amistad, y más de una coincidencia. Nacidos ambos en 1927, el padre del compositor, Clemente Escalona y el abuelo del escritor, Nicolás Márquez, fueron coroneles en la Guerra de los Mil Días.

En los primeros años de escuela sus inclinaciones artísticas se orientaron hacia la pintura. Escalona, en su pueblo Patillal, pinta paisajes y caricaturas, después se dedica a escribir y a silbar versos. García Márquez en su infancia, en la Escuela de Aracataca, prefiere la pintura; luego empieza a sentirse atraído por la poesía que le oía declamar a su maestra.

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