Por mi mente nunca ha pasado privatizar la Empresa de Servicios Públicos de Valledupar. Siempre he considerado que es el activo más valioso que tienen los vallenatos, pero cuando asumí como alcalde y conocí de manera profunda la realidad de Emdupar el mensaje fue desalentador: es inviable.
Me negué a creer eso. Y entendí que había que hacer todos los esfuerzos por salvarla y emprendimos una hoja de ruta. Consultorías para encontrar alternativas de operación eficiente y varias reuniones con la Superintendencia de Servicios Públicos que trazó dos caminos: la histórica liquidación de la que tanto se ha hablado y una alianza estratégica que invierta recursos porque el municipio no los tiene.
Para nosotros, la liquidación nunca ha sido la salida. Pero la empresa está haciendo metástasis por los tantos males que le han dejado. Por años, se la han venido consumiendo; al punto, que no aguanta que la sigan desangrando como ha ocurrido.




