COLUMNA

El primer soldado

Aquí tiene la oposición férrea a Petro a su primer soldado. 

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Escribo esta columna un día después de la elección presidencial, luego de haber llorado mucho, de haber sentido inmensa rabia; escribo el lunes festivo al trasegar la etapa de la negación. Pero no por eso quiero dejar perder lo que ha pasado por mi cabeza en estas horas aciagas. 

Pueden decirme lo que quieran pero me niego a aceptar a Gustavo Petro como mi presidente. No apoyaré, por ningún motivo, a un gobierno que va a hacer todo lo contrario a lo que me dictan mis principios, a lo que he promulgado de manera vehemente durante más de 30 años. No…

No acepto que una persona, con pasado y presente criminal, sea la cabeza del ejecutivo. Un antidemócrata no puede ser presidente de Colombia. Y el señor sí es un antidemócrata: el sólo hecho de ser guerrillero muestra el desconocimiento a las instituciones y el rechazo total a medirse en las urnas. Otra cosa es que se cansó de que lo detuvieran y terminó aceptando las reglas del juego que hoy, gracias a inmerecidas amnistías y a un proceso de paz ilegal, nos tiene con el futuro menos esperanzador de nuestra historia republicana.

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