Con la alegría de un joven estudiante que regresaba a reencontrarse con sus amigos, costumbres y tradiciones, alguna vez conocí a una pareja de médicos que habían fundado su hogar en La Paz, Delascar y Ruby. La música era su pasión, él lograba traducir cada inspiración del sentimiento en acordes que con maestría sacaba de su guitarra, tal vez imbuido por la energía folclórica de una tierra de cuerdas que le cantaron a la crítica política, de dinastías de acordeoneros y vanguardistas cantantes dentro de la juglaría criolla.
Eran los tiempos de ‘cabecita loca’, una exitosa canción llevada al disco por ‘Poncho’ Zuleta y ‘Beto’ Villa. De verdad que era alegre mi pueblo. Las divisiones internas que trajo la elección popular de alcaldes eran desconocidas para la inmemorial armonía que, en nombre de la hermandad territorial, llegó incluso a dar muestras de estoica valentía política, en aquellas aciagas épocas de nuestra historia, en que la intolerancia de algunos miembros del Partido Conservador, valiéndose de una despiadada policía, perseguía a los liberales para aplicarles la pena de muerte por pensar diferente.
En ese entorno de estudio, servicio público y música, nacieron dos niños, Delascar José y Catherine Juvinao, hoy representante a la Cámara del Partido Verde por la circunscripción de Bogotá, pero que, a juzgar por su reciente intervención en plenaria, en buena hora puede convertirse en esa oportunidad que los robustos tentáculos del excluyente sistema político han negado a connotados líderes locales.




