COLUMNA

El Dengue

Me encuentro en Bogotá desde hace tres días, vine a la primera comunión de mi bella nieta Sara y a pesar que me fascina estar con la familia Guzmán Aponte, estoy desesperado por irme pues paro encurrucao, emvarillao y enyelao del terrible frío que está haciendo en Bogotá, pero a pesar de esto hago el esfuerzo de escribir bajo un torrencial aguacero.

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Jose M. Aponte Martínez

Por: Jose M. Aponte Martínez

Columnista

Por: Jose M. Aponte Martínez

Me encuentro en Bogotá desde hace tres días, vine a la primera comunión de mi bella nieta Sara y a pesar que me fascina estar con la familia Guzmán Aponte, estoy desesperado por irme pues paro encurrucao, emvarillao y enyelao del terrible frío que está haciendo en Bogotá, pero a pesar de esto hago el esfuerzo de escribir bajo un torrencial aguacero.

Pero aquí las lluvias son distintas  a las del Valle, son heladas y repelentes y no convidan  ni siquiera a mirarlas, sino a encerrarse y echarse un poco de cobijas encima, no tienen calor humano como las de allá, cuando uno ve en las calles crecidas una pelaera bañándose felices o en los chorros y sardineles resbalándose de barriga y encontrar a los niños emparamaos o enchumbaos con los uniformes puestos practicando cualquier deporte.

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