Han transcurrido 3 años desde que el pueblo en su infinita sabiduría depositó su confianza para que dirigieran sus destinos, en muchos casos existe inconformismo, malestar y decepción por su decisión, en otros satisfacción, alegría y complacencia por haber escogido la mejor opción para su territorio.
Son muchas las adversidades que han tenido que sortear los actuales mandatarios, una pandemia sin precedente, estallido social, decrecimiento económico, catástrofes naturales, entre otras por mencionar algunas, que pudieron influir en la buena gestión de algunos gobernantes, así mismo, existió desconocimiento de lo público, desorden administrativo o falta de gestión que incidió que la administración de sus territorios naufragara, por otra parte también encontramos gobernantes que realizaron bien la tarea, administraron con sus comunidades, pensando en el bien general y no personal, trayendo con ello, las satisfacción de muchas necesidades insatisfechas, mejoramiento de las condiciones de vida y bienestar a sus administrados.
Nuestros líderes al asumir su mandato debieron tomar una decisión vital para su gestión, como es la escogencia de su gabinete, del equipo que a su lado trabajaría para que las propuestas plasmada en su programa de gobierno se transformen en realidad, que su plan de desarrollo recoja el sentir de un pueblo que anhela progreso y desarrollo, pero esto es posible no solo escogiendo a personas idóneas y capaces sino cuando el gobernante trabaja en equipo, delega funciones y depone el ego para escuchar, recibir recomendaciones y opiniones que pueden distanciarse de su pensamiento, de lo contrario todo sucumbe, se vuelve caos y la gestión se convierte en paquidérmica.




