Por Nurys Pardo Conrado.
El amor de Dios por sus hijos es tanto, que nunca les abandona, Él con su misericordia les protege en vida, especialmente a esos que cumplen su palabra, aplican las leyes que nos dejó establecida. Tienden sus manos a los necesitados, y se sacrifican por la humanidad sin esperar nada a cambio.
La providencia divina la vemos a diario, tal como se vio recientemente con nuestro amigo Rodrigo Ríos Uribe, amigo de todos, cuando inesperadamente una falla cardiaca le afectó su estado corporal, en momentos que hacía una de sus frecuentes visitas a su tierra natal, Curumaní y saludaba a su familia.




