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Delincuentes, vagos y viciosos: gestores de paz

Colombia está patas arriba. En un principio pensé que acostumbrarnos a ser gobernados por la izquierda sería un ejercicio difícil pero ahora lo veo imposible. Todo está al revés. Y ahora, para completar, los delincuentes son autoridades administrativas. 

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Por Jorge Eduardo Avila

Colombia está patas arriba. En un principio pensé que acostumbrarnos a ser gobernados por la izquierda sería un ejercicio difícil pero ahora lo veo imposible. Todo está al revés. Y ahora, para completar, los delincuentes son autoridades administrativas. 

La idea de liberar a los miembros de la primera línea es escandalosa pero aún peor, elevarlos al grado de gestores de paz. ¿Cómo van a serlo si son delincuentes? Está claro que las actividades que estos personajes desarrollaron influyeron en las elecciones presidenciales pero pagarles el favorcito de esta manera es descarado, este gobierno del cambio no siente vergüenza. 

El país entero, e inclusive la comunidad internacional, fueron testigos de cómo estos facinerosos secuestraron, torturaron y afectaron la vida de cientos de miles de personas durante varios días. La infraestructura de Transmilenio junto con los monumentos históricos de las principales ciudades, fueron el foco de los disturbios que esta juventud desubicada, iletrada y vaga, desplegó. En el caso de la estación de Molinos, al sur de Bogotá, los próximos gestores de paz se dedicaron a montar cambuches y ollas de vicio, ante la mirada de los caminantes que en medio de la frustración y el conformismo se vieron afectados por dichos delincuentes. Y esos, esos mismos viciosos, serán gestores de paz. ¡Los pájaros tirándole a las escopetas!

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