Por José Atuesta Mindiola
Hay personas que por sus acciones en beneficio de la cultura o el progreso económico y social de una comunidad se convierten en personajes con méritos suficientes para merecer un sitio honor en la historia de la región; pero para que no se borren sus nombres de la memoria de los pueblos es necesario el desarrollo de dinámicas educativas que ilustren de manera permanente a las nuevas generaciones en el conocimiento de la historia local.
La implementación de esta temática es preciso anexarla a las áreas de ciencias sociales, humanidades y educación artística. En Valledupar, por ejemplo, al filósofo Rafael Carrillo se le puede estudiar en el programa de filosofía, su obra “Summa filosófica” fue compilada por Beethoven Arlantt y editada por la Biblioteca Departamental, en la dirección de Mónica Morón.
Hay otros personajes de la cultura vallenata que tienen su historial y amerita que se les estudie. Es el caso de Sara María Salas Baquero, matriarca de la dinastía musical de los Zuleta y los Salas; nació en 1892 en La Jagua del Pilar, en el hogar de José Francisco Baquero y Santa Salas, peroEl Plan era su territorio mítico donde Rafael Escalona, Poncho Cotes, José Francisco Daza, Leandro Díaz, y sus hijos Emiliano Zuleta y Toño Salas, celebraban inolvidables encuentros de guitarra, versos y acordeones que fortalecieron la riqueza de la expresión musical del vallenato.




