Chambón, incoherente, poco serio, mediocre, cuando no francamente malo, es este gobierno. Una y otra vez, los ministros hacen afirmaciones sin ningún sustento, sin ningún estudio, solo movidos por prejuicios y por un latente fanatismo ideológico.
Declaraciones y anuncios de la ministra de Minas, que ha demostrado no tener idea alguna de los asuntos de su cartera, de la ministra de Salud, que parece tener como único propósito dinamitar el sistema de salud, del director de Colpensiones, o del director de la Función Pública, sobre los contratos de prestación de servicios, por citar solo algunos, que deben ser desmentidas, corregidas o moderadas, casi siempre por el ministro de Hacienda, que funge como bombero permanente dentro del gabinete ministerial, el adulto mayor en un jardín de infantes deslenguados e irresponsables.
La cosa no mejora en asuntos tan sensibles como Exteriores o Defensa. El Canciller anunció el fortalecimiento del servicio exterior y ha inundado embajadas y consulados de amigotes, algunos imputados penalmente, compinches de la esposa de Petro, personajes que no hablan sino español y que no tienen ninguna calificación, conocimiento o experiencia para cumplir las tareas diplomáticas que les corresponden. El de Defensa anuncia la compra de aviones de combate franceses y se echa para atrás pocos días después.




