Parte I
Casas, calles, parques y templos: escenarios antropológicos, sociológicos y religiosos que inevitablemente y por excelencia, llevan en su génesis esencial, propiciar el encuentro; espontáneo, libre, auténtico e incluso hasta sistemático.
Pero para suscitar el encuentro, es necesario, de dos elementos fundamentales: la palabra y la presencia. Porque sin palabra que convoca, evoca o provoca, jamás será posible que acontezca, un encuentro verdadero.




