Sería imperdonable que luego de venirles anunciando con bombos y platillos la segunda versión del Festival Un Canto al Río y con ella la implementación de estrategias para la erradicación de mañas que opacan y desdicen de la buena imagen de muchos otros eventos similares, ahora no les cuente cómo nos fue con eso.
Lo primero que tengo que decir es que, como es natural al inicio los cambios generan resistencia, a algunos no les pareció bueno sortear al jurado en tarima, tampoco les gustó mucho el puntaje de cada jurado y el total se entregara al público una vez terminara la participación de cada concursante.
Me tocó darme la pela y contrariar algunas sugerencias, incluso de mis compañeros de equipo, sin embargo, cuando veía los rostros y gestos de la mayoría del público y de los participantes me daba cuenta de que se sentían tranquilos y que es mejor una verdad inmediata, así nos duela, que una mentira demorada. Los miembros del jurado calificaban sin conversar ni deliberar con los otros, es decir la calificación se daba en conciencia y sapiencia, sin injerencias externas.




