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¿Automóvil o camioneta?

La vida se parece a un vehículo: el destino importa, pero mucho más quién lo conduce, el estado de su motor y las decisiones que se toman durante el recorrido

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Estudiando en la universidad, aprendí un ejercicio reflexivo que carece de un único autor, de uso colectivo por psicólogos en espacios de orientación, el cual busca, a través de una divertida metáfora, identificar o replantear nuestro propósito de vida. La dinámica se llama: “El carro de mi vida”, y hoy quiero compartirla con ustedes.

Imagina, o, si tienes lápiz y papel, dibuja, un carro. La placa será tu lugar y fecha de nacimiento. Piensa, ¿quién maneja tu carro? Tal vez tú, tu pareja, tus padres, u otras personas. ¿A quién llevas en el carro? ¿Quién va a tu lado? ¿Qué llevas en el maletero? ¿Hacia dónde te diriges en el carro? ¿Sientes la carretera destapada o pavimentada? ¿Tu carro se defiende bien en ese tipo de terreno? ¿Hay mucho tráfico, o tienes la vía libre? ¿Se han presentado inconvenientes en la carretera, o algún accidente? ¿Has logrado conducir bien en medio de la neblina, cuando el camino no se ve, o te ha faltado algún tipo de experticia? ¿Sientes que tienes lo que necesitas para llegar a tu destino, o te falta algo?

Las preguntas anteriores requieren de una profunda reflexión y análisis, para tener una respuesta crítica y objetiva de cómo te sientes manejando tu propia vida. Algunas personas arrancamos en el carro de la vida sin tener claro un destino, sin comprender que somos nosotros los únicos responsables del carro. Cambiar de copiloto o de pasajeros una y otra vez, estar indecisos con relación al destino, o transitar caminos empedrados teniendo un automóvil que no logra mantener su estabilidad en tiempos de crisis, afecta nuestra vida.

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