COLUMNA

Al gran Julio Oñate

Julio Oñate Martínez representa el mayor tesoro del vallenato, es el “Arqueólogo del Folclor” como sabiamente lo bautizó Rodolfo Quintero. Casi nunca hago columnas con nombre propio, pero Julio se merece todos los homenajes, es un ser humano excepcional, con quien he logrado una amistad sincera y entrañable. 

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Julio Oñate Martínez representa el mayor tesoro del vallenato, es el “Arqueólogo del Folclor” como sabiamente lo bautizó Rodolfo Quintero. Casi nunca hago columnas con nombre propio, pero Julio se merece todos los homenajes, es un ser humano excepcional, con quien he logrado una amistad sincera y entrañable. 

Si bien yo nací con el vallenato, viendo festivales a tres cuadras de mi casa, tengo que reconocer que con quien me formé en el folclor fue con Julio, desde que iniciamos la investigación para el gran proyecto del Museo del Vallenato, son muchos años de trabajo al lado de un incansable de nuestra música. Quien, además, cuenta con un patrimonio inmenso que debe ser reconocido por las entidades culturales, una inestimable colección que debe conocer el mundo, acordeones de juglares, documentales, fotografías, documentos, historias y canciones. 

Imposible olvidar tantos viajes juntos, de los más memorables puedo citar cuando visitamos la tumba de Juancho Polo, en Santa Rosa; cuando hablamos con Camilo Namén, en Barranquilla; también entrevistamos a Adolfo Pacheco en San Jacinto y llegamos de repente a Guamal para hablar con el distinguido maestro Julio Erazo, quien se nos acaba de ir a la eternidad, o cuando fuimos a Chimichagua y cantamos con Simón Salas.

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