Por Mary Daza Orozco
Hace dos semanas conmovió la historia de la niña que necesitaba una córnea urgente para poder ver. Lo último que supe fue que la había encontrado y que los especialistas daban esperanza de que pudiera ver. Le deseo toda la suerte y que al lograr la visión pueda ver un mundo en calma, que a medida que crezca vaya apreciando lo bonito que puede quedar por ahí rezagado en este universo maltratado por habitantes demenciales.
Me inquietaron las cifras pírricas que daban sobre la donación de órganos y de pronto uno de esos pensamientos alocados, contagiados quizás de la demencia mundial, me llevó a la idea de que en un país en el que mueren tantos jóvenes por causa de la violencia o del conflicto, como quieran llamarlo, se tenga que sufrir tanto por un riñón, un hígado, en fin, por lo que se pueda donar.




