Esta semana inició con un buen aguacero en la ciudad de Valledupar y vino acompañado de la falta de cultura ciudadana. Camionetas esperando a la entrada de un colegio, en el lobby de un edificio o justo en frente de algún local, sin importar el trancón que generaban.
Primero ellos, segundo ellos y tercero ellos. El resto que mire a ver de dónde se arman de paciencia y esperan. Es lo propio de las sociedades donde las instituciones políticas son excluyentes y exclusivas, tal como lo exponen Robinson y Acemoglu en sus trabajos ‘Por qué fracasan los países’ y ‘El corredor estrecho’, que recomiendo leer con mucha atención.
El artículo 13 de la Constitución Política de Colombia establece que “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica”. Sin embargo, y como consecuencia de lo que algunos teóricos han dado en llamar el camino de dependencia (path dependence), el famoso “aquí se ha hecho así siempre”, muchos han interiorizado que la ley, los acuerdos, lo básico de la sana convivencia no es con ellos.




