No es una tarea difícil si se cuenta con el concurso decidido de las autoridades instituidas para tal fin, pero sí un tanto complicada y riesgosa, dada las especiales características inherentes al segmento poblacional a quien va dirigida la acción.
El mototaxismo, a pesar de ser considerado en nuestro país una actividad ilegal, por todas sus implicaciones, se ha venido entronizando sistemáticamente en nuestra ciudad, al punto de convertirse en motivo de preocupación y en un verdadero reto, tanto para las autoridades como para la ciudadanía en general, puesto que el uso desaforado e irresponsable de estos vehículos, conducidos la mayoría por personajes anónimos y siniestros, han dado al traste con la calma y tranquilidad que debe reinar en toda comunidad civilizada.
No es mi estilo aludir, por respeto, a “administraciones anteriores”, pero ciertamente ha habido en el pasado algo de indiferencia y apatía, ante el accionar de muchos mototaxistas, quienes no utilizan sus vehículos únicamente como un medio de subsistencia; considero que debido al desmedido crecimiento de este medio de transporte y vislumbrando todos los males que ello acarrearía a nuestra ciudad, han debido ser más previsivos, aplicando oportunamente los correctivos necesarios, a fin de evitar lo que hoy estamos padeciendo.




