Por los recientes aniversarios de la defunción y nacimiento del maestro Rafael Escalona, con inmensa satisfacción y sublime reverencia rememoro mi amistad con el compositor más grande de la música vallenata.
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Lo conocí al final de la década de 1960 en una de mis vacaciones como estudiante universitario, en la casa donde vivía Hilda Reales con sus hijas Matilde y Luz Marina, ubicada en el barrio Primero de Mayo de Valledupar. En la misma casa de mis amigas de la adolescencia, cohabitaba el maestro Escalona con una atractiva joven llamada Sol Marina.











