Quizás una de las mayores distinciones a nivel universal, con que han sido exaltadas nuestra nación y cultura, es el honroso paralelo realizado por Gabriel García Márquez, entre su obra cumbre: Cien años de Soledad, con nuestro folclor, al compararla y catalogarla como – un vallenato de 360 páginas-.
Esta música, que sirvió de elemento inspirador al Nobel escritor, y que ha representado durante años diferentes temas de la vida cotidiana, nuestro entorno natural, léase -flora y fauna- tiene innumerables clásicos que han tomado como musa al medio ambiente. Miremos el caso de la canción “El Verano” del prestigioso compositor invidente Leandro Díaz Duarte, Catalogado como el Homero del vallenato, quien magistral y sabiamente describe el verano “….Vengo a decirles compañeros míos, llegó el verano, llegó el verano, ahora se ven los arboles llorando, viendo rodar su vestido, lo que han tenido con grande placer, lo que con gusto el invierno les da, una por una se han de caer y por el suelo les toca rodar…” es el inicio de ese bello canto, grabado incluso en otros géneros tropicales como la salsa, por el también extinto Joe Arroyo.
En la canción Matildelina, admirada por la interpretación del samario Carlos Vives; el Maestro Díaz también dice en uno de sus apartes “…Cuando Matilde Camina… hasta sonríe la sabana…” o miremos el ejemplo de El Jerre Jerre, compuesta por Rafael Escalona, la cual fue inspirada por un armadillo, cuyo nombre científico es Dasypus Novemcinctus, un mamífero terrestre, desdentado, con cola de reptil, orejas de mula y caparazón de tortuga, que habita desde el sur de los Estados Unidos hasta el norte de Argentina en donde el autor, basado en un encuentro casual con este peculiar animalito decide hacerle un canto “…Yo iba pa’ Manaure pero quise devolverme, me salió una fiera con figura amenazante, era un armadillo, era un jerre jerre, que pa’ meterme miedo, me flequeteaba alante…” Observemos la maravillosa descripción del entorno que hace Crispín Rodríguez en su bello canto “Bajo el palmar” cuya letra dice: “…..Comienzan ya, a salir las estrellas, la noche se hace bella, la luna está plateada, se oyen cantar las aves en la selva, la fauna coquetea, el viento enamorado, burbujas van, que se deslizan locas, que acarician las rocas, que forman la cascada, se ven brillar luciérnagas celosas, que con la brisa gozan, del bello panorama…” La rica bio-diversidad de nuestro hábitat, los animales, plantas, arboles y el hermoso paisaje natural, son sin duda recursos de gran relevancia en nuestro diario vivir, no solo son absolutamente necesarios para nuestra subsistencia, sino también fundamentales en el desarrollo de nuestro contexto social, pues en base a ellos se hicieron obras que ayudaron a enriquecer nuestra cultura, a forjar nuestra identidad.






