El río Cesar no es solo una corriente de agua que atraviesa el departamento; es la columna que sostiene la economía agrícola y ganadera, la seguridad alimentaria y la vida de miles de familias rurales. Hoy, la ciencia y las instituciones coinciden en un mismo mensaje: si no se actúa de forma integral para rescatarlo, el futuro productivo del Cesar corre serio riesgo. El diagnóstico muestra un río que nace en La Guajira, desemboca en El Banco (Magdalena) y soporta los vertimientos directos de ocho municipios del Cesar, sin que ninguno cumpla plenamente con las exigencias técnicas de saneamiento básico.
A esa radiografía se suma una tesis doctoral de la ingeniera civil Stefany Vega, desarrollada en la Universidad del Norte, que concluye que cerca del 80 % de la cuenca del río Cesar está afectada por procesos de erosión severa. Esos sedimentos terminan depositados en el cauce y en la ciénaga de Zapatosa, reduciendo su capacidad de regulación hídrica justo cuando el departamento depende del agua para riego, abrevaderos y pesca artesanal.
“Vimos que la disponibilidad futura se encuentra en riesgo… casi que el 15% del caudal disminuiría”, explicó Vega, al resumir los escenarios climáticos más críticos que modeló para el río. No es una proyección abstracta: en un departamento donde la economía se sustenta en buena medida en agricultura y ganadería, cualquier caída significativa en el caudal es también una caída en la base económica del territorio.






