En Valledupar, Agustín Codazzi, La Paz, Riohacha o Uribia, el calor no es una noticia: es parte del paisaje. Pero en los últimos años las temperaturas han subido y los episodios de bochorno intenso se sienten más largos, especialmente cuando el fenómeno de El Niño aprieta y la brisa parece detenerse. Mientras hablamos de grandes decisiones sobre el sistema eléctrico y parques eólicos en La Guajira, hay una pregunta más inmediata para miles de familias: ¿qué puedo hacer en mi casa, con lo que tengo, para que no se convierta en un horno?
La idea es pensar la casa como un organismo que respira: controlar la luz que entra, el aire que circula, las superficies que se calientan y la forma en que el cuerpo enfrenta ese ambiente.
Luz, ventanas, aislantes y horarios
Uno de los factores que más calienta las viviendas es la entrada directa de sol por ventanas y puertas. En muchas casas se recurre a abrir “todo” desde temprano, pero cuando el sol se planta de frente sobre una fachada, esa apertura puede aumentar el calor interior. Por eso, en las horas de mayor radiación —entre las diez de la mañana y las tres de la tarde— es recomendable mantener cerradas las ventanas que reciben sol directo, con cortinas, persianas o incluso telas improvisadas a modo de toldo.






