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La Malena: la fábula del olvido

La Malena quiere correr, quiere perseguir su propia esencia, encontrar el estado supremo de su verdadero propósito, mitigar su dolor, crear conciencia, y tal como los hinduistas inmersos en el Ganges, alcanzar su propio Nirvana.

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Lo que es el Ganges para el hinduismo era La Malena para los patillaleros: una diosa legendaria.

El famoso riachuelo era una procesión de cantos de aves, de gritos del campesino arreando sus reses, y del agricultor sembrando futuro. Era un ser vivo. Sus corrientes arrastraban gran cantidad de peces que eran cazados, en su parte más septentrional, en el sitio denominado Chorros Blancos, y llevados a los hogares para su consumo triunfal. En sus más de diez kilómetros, desde donde nace, en la espesura selvática de los sitios conocidos como Boca Infierno y La Miona, La Malena envolvía un paisaje verde y frondoso en su recorrido serpenteante hasta entregar su contenido, un tanto salobre, a las aguas frescas del río Badillo, cerca del caserío La Manta, donde se libraba un encuentro voluptuoso y pasional, un romance mágico y sobrenatural… La entrega total de la virgen al macho febril. 

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