Con el 95% de la llegada del fenómeno de El Niño en 2026-2027 entre septiembre y octubre, dos ríos que abastecen a comunidades rurales del Cesar ya exhiben caídas que encienden las alertas. El Tucuy, en la zona de La Jagua de Ibirico y Becerril, pasó de mover cerca de 2.115 litros por segundo en octubre de 2025 a solo 92 litros por segundo el 22 de julio de este año. Eso significa que por cada 100 baldes de agua que llevaba hace nueve meses, hoy apenas lleva cuatro o cinco.
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La escena se repite en el Sicarare, una fuente utilizada por veredas y predios rurales de Agustín Codazzi. Su caudal bajó de 304 litros por segundo en abril de 2025 a 155 en octubre y a apenas 14 litros por segundo en julio de 2026. Es como si de cada 100 baldes que corrían por el cauce hace poco más de un año, quedaran menos de cinco. Aunque pueda existir la percepción de que las lluvias recientes pudieran recuperar parte del caudal perdido, las captaciones y el comportamiento de cada cuenca, la reducción anticipa una preocupación para el Cesar: si se consolidan condiciones secas, habrá menos agua para las familias, los acueductos rurales, los cultivos, los animales y los ecosistemas.










