Había una vez una niña kankuama con facciones Guajiras, que vivía en la parte norte de la Sierra Nevada De Santa Marta, rodeada de cerros y montañas, pero lo más bonito para ella era su rio Guatapurí que significa: “aguas cristalinas y frías”.
Esta niña llamada Zagumero sueña con ser una gran científica reconocida, pero preocupada por su cultura y su identidad Indígena acude al llamado de los mayores que hacen en las kankuruas (casas ceremoniales) y allí con sus pies descalzos se sienta en uno de los bancos alrededor de un fogón y con mucho respeto a la palabra de estos sabedores ancestrales, escucha muy atentamente historias, leyendas, mitos, cuentos y anécdotas; mientras ella, concentrada teje su mochila de fique donde el lapicero es la aguja y el cuaderno es cada puntada que realiza guardando en ella como si fuera una memoria de computadora.










