¡Maldita sea! Dije mientras me levantaba del ya zarrapastroso edredón. Ha pasado el tiempo y siento como aún la miseria se apodera de mí. En esta desolada y triste habitación solo quedan los restos de las botellas de whisky que bebí para olvidarme de ti ¿cómo si eso fuese posible?.
Mi mente en un acto de traición se llena de recuerdos, de cosas que intente reprimir, cosas como el maldito último abrazo, el último beso, y el sexo perfecto.










